INFLACIÓN DE CONTROLES e INFLACIÓN DE PRECIOS
Fecha: 2009-11-29 21:31:34

INFLACIÓN DE CONTROLES e INFLACIÓN DE PRECIOS
Las monedas tienen que tener 3 atributos fundamentales para ser consideradas como tales. 1.- Una moneda tiene que ser una unidad contable o una unidad de cuenta, es decir, un instrumento para cuantificar nuestras transacciones económicas. Este atributo lo tiene cualquier moneda.
Pero hay otros dos más que son fundamentales para poder catalogarse realmente como una divisa o una moneda que se respete. 2.- Una moneda debe ser un eficiente medio de pago, es decir, debe tener una importante capacidad de compra. 3.- Una moneda debe ser un almacén de valor, esto se refiere a que debe preservar en el tiempo su valor para garantizar y fomentar el ahorro, la inversión y la capitalización de las personas.
Hay divisas nacionales, como por ejemplo el bolívar que más bien deben catalogarse como ex monedas, ya que no tienen los dos atributos fundamentales que caracteriza a una moneda realmente sólida y efectiva. Si tenemos en cuenta que nuestra moneda que lleva el nombre del Padre de la Patria se ha devaluado más de 50 mil por ciento en los últimas dos décadas, tenemos que realmente, el bolívar, como divisa está prácticamente en extinción. Ella es simplemente una unidad contable
LA OFERTA MONETARIA y LA OFERTA DE BIENES
Dentro de una economía existen 2 factores fundamentales cuya estrecha relación uno con el otro determina el sistema de precios. 1.- Por un lado está la cantidad de bienes y servicios que se producen y se transan en el mercado económico y por otro lado 2.- La cantidad de dinero disponible en manos del público. Debe existir un equilibrio adecuado entre estos dos factores, si existe un desequilibrio entre uno y otro factor, la economía empieza a funcionar mal.
Si hay abundancia de emisión de dinero pero se producen y dispensas pocos bienes y servicios, entonces la tendencia será a que los precios suban ya que habrá una masa monetaria excesiva y escasez de cosas que comprar con ese dinero. Esto crea carestía.
Por el contrario, si la cantidad de bienes y servicios disponibles dentro de una economía es muy superior a la oferta monetaria, entones los precios caerán, ya que el valor de la moneda será mayor y con ella se podrán adquirir mayor cantidad de cosas. Esto que puede ser bueno para los consumidores también puede generar un efecto negativo, ya que si los precios se envilecen demasiado, entonces la tendencia a la larga, y también a la corta, será a que los productores se inhiban de dedicarse a producirlos y dispensar una cantidad considerable de bienes y servicios lo que traerá escasez, desempleo e inflación.
DISCIPLINA MONETARIA
Como el fenómeno de la inflación es una suerte de enfermedad que se extiende dentro de las economías cuando éstas de alguna forma están funcionando mal, las políticas económicas modernas se preocupan más por reducir los efectos inflacionarios. La inflación es un mal que afecta a todos los ciudadanos, pero sobre todo a los sectores económicamente más débiles. Es por eso que quienes tienen menos capacidad de defensa frente a la inflación sean los sectores menos favorecidos en el reparto de la riqueza. Dado lo vasto que puede ser el efecto inflacionario, los gobiernos empiezan a formular políticas públicas más interesadas en abatir este fenómeno o, en definitiva, tenerlo bajo control.
De allí que la tendencia mundial de los principales bancos centrales del mundo sea a preservar el valor de la moneda, es decir, su capacidad de compra. Monedas fuertes y estables son el signo de los tiempos. Las monedas más sólidas del mundo tienden a competir entre ellas. Por ejemplo el yen japonés, el euro y el dólar, son las divisas más cotizadas a nivel internacional ya que expresan la salud y vitalidad de las economías que las sustentan. Desde luego que esto no está inmune de problemas.
Cuando una moneda se fortalece mucho respecto a otra, los productores que realizan sus transacciones económicas con esa moneda tienden a perder capacidad competitiva en otros países y por ende sus productos para la exportación se encarecen en los mercados externos.
Cosa distinta ocurre con los consumidores, que se ven beneficiados con tener en su poder una moneda sólida que les permita tener amplia capacidad de compra. Ahora bien, ¿a quién beneficiar?, ¿a los productores o a los consumidores? Las corrientes más modernas, los economistas y pensadores económicos que han ganado los premios Nobel de economía en los últimos 15 años , tales como Robert Mondell, (el padre del euro), Milton Friedman, Vernon Smith, Douglas North, Gary Becker, entre otros, se pronuncian por darle prioridad a la lucha contra la inflación a través de políticas monetarias muy disciplinadas y en muchos casos restrictivas que fortalezcan las monedas y logren una prolongada estabilidad en la apreciación de las mismas. Todo esto se debe a que realmente se ha escarmentado respecto a los nocivos efectos de la inflación durante buena parte del pasado siglo XX.
De esta forma se favorecen los consumidores, con monedas que tenga una sólida capacidad de compra. Los productores no necesariamente deben verse afectados ya que tenderán a ser más eficientes y competitivos con el tipo de cambio y con la moneda nacional a través de la cual realizan sus actividades económicas.
El predominio del euro, del dólar y el yen como las únicas monedas realmente globales, dada su estabilidad y fortaleza, favorece a los consumidores, que en términos prácticos constituye la condición que nos iguala a todos sin excepción, en la esfera de la economía.
Pobres, ricos, trabajadores, empresarios, capitalistas y obreros, todos ellos, no importa su desempeño o rol en la economía, son consumidores. Así como la Ley nos iguala otorgándonos a todos el título de ciudadanos, la economía nos iguala bajo el rango de consumidores.
EL DETERIORO DEL VALOR DE LA MONEDA
Esta realidad tiene su dramático corolario en los niveles de pobreza que ha experimentado la población venezolana. Por ejemplo, la firma Datos Information Resources en su estudio “Pulso Socioeconómico Demográfico”, indica que en 1964, el “estrato D” de la sociedad, es decir el más pobre de la escala para la época, representaba el 37% de la población, mientras que 44 años después, es decir en 2005 ya este segmento, que ahora se conoce como “estrato E”, constituye el 60% de los venezolanos. Este estrato social, según la prestigiosa firma, tiene de ingreso mensual por hogar de Bs.F 1.900 bolívares fuertes.
En ese núcleo familiar integrado por 5 personas, dos están empleados (en la economía formal o informal), lo que quiere decir que apenas ingresan Bs.F 950 bolívares fuertes mensuales cada uno, es decir, el actual salario mínimo.
Como conclusión final de este estudio se puede leer textualmente lo siguiente: “Uno de los principales daños que ha sufrido la economía venezolana en estas décadas es la falta de defensa del valor de la moneda y con ello el indiscutible deterioro de la capacidad de compra de los ciudadanos.” Más claro imposible.
Basta con observar que el salario mínimo en 1960 era de 8 bolívares diarios y en la actualidad es de de Bs.F 32 bolívares fuertes al día. Una arepa rellena costaba en 1960 un bolívar cada una y ahora aproximadamente (promediando la arepa rellena más cara y la más barata) unos 15 bolívares por unidad .Esto indica que a pesar de tener más cantidad de bolívares en el bolsillo, un trabajador raso en la actualidad tiene muchísimo menos capacidad de compra con su ingreso que el que tenía ese mismo trabajador hace casi 5 décadas atrás.
En esa época podía comprar 8 arepas con su ingreso mínimo y ahora sólo alrededor de 2. Ese es el proceso real de nuestro empobrecimiento, la erosión del valor de nuestra moneda, es decir, la nefasta devaluación inflacionaria. En otras palabras el problema de la pobreza en Venezuela es ante todo un asunto de política monetaria. Obviamente, en esto tienen una gran responsabilidad las distintas directivas que durante las últimas décadas ha tenido el BCV.
La depreciación de nuestra moneda se puede observar en el proceso inflacionario que hemos vivido desde hace décadas. Desde 1960 hasta la fecha los precios de los bienes y servicios en el país se han incrementado en alrededor de 3.000 veces. Desde los años 90 en adelante el fenómeno inflacionario ha sido tremendo en Venezuela. En promedio desee hace 15 años la inflación venezolana ha estado en el orden del 30%.
En el año 2005, el índice de precios al consumidor cerró en 14,4%, menor al 19% del 2004. Pero para el año 2006 la inflación volvió a escalar y se situó en un 17%, en 2007 llegó a 22,5%, en 2008 ascendió a 30,9% y ahora, para el cierre de 2009, se espera que esté cerca del 30%.
Ahora bien, hay que acotar algunas cosas respecto a estos resultados.
Se hace necesario indicar que tal cosa se produce en medio de una amplia política de controles de precios por parte del gobierno, con un control de cambio y una paridad cambiaria anclada a un precio fijo, un control de las tasas de interés y un vasto sistema de subsidios alimentarios a densos sectores populares por la vía de red de distribución MERCAL y PDVAL. Aun así la inflación en Venezuela es la más alta de América Latina.
Por ejemplo Chile tiene en 4 años el incremento acumulado del índice precios al consumidor que Venezuela alcanza en apenas un año. Es evidente que estas políticas, muy frecuentemente practicadas en el pasado, no han dado resultados positivos. Todo esto, no sólo ha traído carestía de los principales rubros de consumo, sino además escasez de productos como azúcar, café leche en polvo, sardinas, carne de res, etc. En definitiva, estamos en el peor de los dos mundos: inflación de controles e inflación de precios.

