LOS SOCIALISMOS QUE HEMOS PADECIDO

Fecha: 2009-11-09 18:44:52

LOS SOCIALISMOS QUE HEMOS PADECIDO

El socialismo que conoció la humanidad durante el siglo XX, y que sobrevivió en algunos países luego de la caída del muro de Berlín, en la práctica no fue otra cosa que capitalismo de Estado. La diferencia entre el capitalismo en su versión clásica y el capitalismo de Estado es que en el primero son los capitalistas los que se dedican a crear empresas, al lucro, a las ganancias, a las divisas y a los negocios.

En el segundo caso, son los políticos los que se dedican a crear empresas, a las divisas, a lucrarse y desde luego a tratar de hacer buenos negocios.
En el capitalismo, en su forma clásica, los capitalistas privatizan sus beneficios para provecho personal, pero también se ven en la obligación de privatizar sus pérdidas.

En el capitalismo de Estado, los políticos privatizan los beneficios que generan las empresas estatales por ellos administradas, pero cuando las cuentas no cuadran (cosa que sucede con frecuencia) socializan sus pérdidas, ya que éstas suelen ser transferidas a los ciudadanos a través de más impuestos, devaluaciones fiscalistas, deuda pública e inflación.

El socialismo del siglo XX en Venezuela lo encarnó la partidocracia que se instauró en el país a raíz del pacto de Punto Fijo. Ahora, el socialismo del siglo XXI lo encarna la burocracia y la nomenclatura revolucionaria que se ha hecho dueña del poder en la actualidad. Si algo ha habido en Venezuela en los últimos 49 años es socialismo, es decir, estatismo económico y capitalismo de Estado.

El capitalismo rentístico de Estado es la versión del socialismo que hemos padecido los venezolanos en las últimas décadas. La única diferencia entre el que proclama el gobierno actual y el que practicó la IV república, es la cantidad de la dosis suministrada.

En definitiva, los venezolanos hemos conocido desde hace años un modelo económico cuyo centro de gravedad reside en la existencia de un Estado rico, sumamente costoso e ineficiente, que cada vez extrae más recursos de la sociedad para financiar sus gastos de funcionamiento.

En Venezuela a los gobernantes no les basta tener el control monopólico de los yacimientos petrolíferos y de la renta petrolera, además de eso, recavan tributos para pagar parte de los gastos de su costosa burocracia. De tal forma, tenemos un Estado tanto fiscal como patrimonial, algo muy parecido a los regímenes absolutistas que existieron en Europa y en América antes de la aparición de las democracias republicanas.

En las naciones modernas, los recursos financieros y naturales, están en manos de la sociedad y de sus ciudadanos, no en manos del Estado. Los particulares deben pagar impuestos al gobierno por el derecho que tienen de lucrarse lícitamente de estos recursos. Un Estado como el venezolano, propietario de la mayoría de los activos económicos del país (especialmente del petróleo), no depende de la laboriosidad y productividad de sus ciudadanos para costearse sus gastos de funcionamiento.

Tal circunstancia hace que el Estado desarrolle autonomía funcional respecto de la sociedad y de sus ciudadanos, por lo que no le interesa mucho la suerte que corran. En ese esquema, el Estado a la larga se convierte en un azote de la sociedad. Tal es el drama que sufrimos en Venezuela. Tenemos un Estado altamente costoso e ineficiente que consume casi el 40% del PIB del país y por eso se endeuda, devalúa la moneda, expropia bienes, cobra impuestos regresivos como el IVA y el IDB y usurpa los beneficios de la renta petrolera para tratar de saciar su voracidad de recursos.

En nuestro país hay que promover otro modelo de desarrollo económico que releve al del capitalismo rentístico de Estado que hemos tenido hasta ahora . Necesitamos pasar de una sociedad improductiva y altamente ineficiente en lo económico, acostumbrada a consumir sin producir, a una sociedad altamente productiva en lo interno y competitiva en lo externo, que logre su emancipación de la tutela del Estado todo poderoso.

Es necesario fomentar un tipo de propiedad que lejos de hacer más ricos al sector estatal y a sus burócratas, enriquezca más bien a los ciudadanos. Rómulo Betancourt, ya desde los años 50 del siglo pasado en su obra “Venezuela Política y Petróleo”, llegó a afirmar que lo que había que hacer en el país era “Empobrecer al Estado y enriquecer a la nación”.

Igualmente, desde 1938, Arturo Uslar Pietri hizo una descripción muy acertada de este problema cuando señaló: “Resulta realmente bizantino ponerse a discutir sobre la conveniencia de que el Estado intervenga o no en la vida económica. El hecho es que el Estado interviene y está interviniendo en nuestra vida económica, ya que nuestra vida económica no es sino un mero reflejo de la riqueza del Estado”.

En el libro “Socialismo” escrito en 1922 por Ludwig Von Mises, uno de los más preclaros pensadores económicos del siglo XX. Según este autor, el socialismo es la destrucción sistemática y sostenida de la economía privada. Mises en su libro continúa diciendo: “La política destruccionista es las disipación del capital. La dilapidación del capital puede comprobarse, ciertamente, por medio del cálculo económico y entenderse con la ayuda de la inteligencia, pero no se revelas en forma palpable a todos.

Para descubrir el vicio que significa una política que aumenta el consumo de las masas con detrimento del capital existente y que, por tanto, sacrifica el porvenir a favor de presente, se requiere una inteligencia más penetrante que la que es común en los hombres de Estado, en los políticos y en las masas que los han elevado al poder.”


Es realmente sorprendente que alguien en 1922, cuando aun ni siquiera había muerto el fundador del Estado Soviético Vladimir Lenin, pudiera haber descrito tan acertada y correctamente la naturaleza del socialismo como doctrina política.

Tales aportes al entendimiento del fenómeno económico tuvieron sin duda influencia en algunos venezolanos de la época, entre ellos Arturo Uslar Pietri, quien el 14 de julio de 1936, en su escrito “Sembrar el petróleo” dijera lo siguiente: “Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico de Venezuela se hace angustiosa la noción de de la gran parte de economía destructiva que hay en la, producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras, la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente.”