EL BOLÍVAR - ORO

Fecha: 2009-10-04 18:16:53

EL BOLÍVAR - ORO

Según lo establecía la Ley de Moneda de 1918, un bolívar era el equivalente a 0,29 gramos de oro. En tal sentido, el número de bolívares que estaba en circulación en el circuito monetario venezolano, tenía que ser igual a la cantidad de oro que estuviese depositada en los bancos venezolanos que poseían para entonces la facultad de emitir dinero. Luego, a partir de 1939, con la creación del Banco Central de Venezuela, la totalidad de los bolívares que había en el país, tenían que ser equivalentes al oro acumulado en las bóvedas del ente emisor. Por eso nuestra moneda llevaba el nombre de “bolívar-oro”. Esta Ley de Moneda fue elaborada por hombres como Román Cárdenas (Ministro de Hacienda del régimen gomecista), promulgada por el Congreso de la época y el general Juan Vicente Gómez en persona, ordenó su ejecútese.

EL ANCLAJE MONETARIO

Este anclaje del bolívar con un metal noble, era lo que se denominaba el patrón oro de la moneda. Los bancos primero, y El BCV después, no podían emitir dinero que no tuviera su equivalente en oro, lo que evitaba que se emitieran billetes, o se acuñaran monedas, sin su correspondiente respaldo metálico.

Pero a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, este patrón oro se elimina mediante una reforma a la Ley del Banco Central y el valor del bolívar lo empieza a determinar, no la cantidad de las reservas de oro que existían en el BCV, sino la cantidad de dólares constituidas como reservas internacionales. De esta forma, cada bolívar que se emitía debía tener su respaldo en moneda estadounidense.

En otras palabras, los bolívares en circulación dentro de nuestra economía (eso que se conoce como liquidez) tenían que ser el equivalente al número de dólares depositados en el BCV en atención al precio del tipo de cambio.

UN BOLÍVAR IGUAL A 10 DÓLARES

Una Onza Troy, unidad de peso que se utiliza para cuantificar el valor del oro, equivale a un poco más de 31 gramos. Si una Onza Troy de oro se cotiza en la actualidad en alrededor de 1.000 dólares, tenemos que un gramo de este metal precioso tiene un valor de aproximadamente 32 dólares. De haberse mantenido la relación bolívar-oro que instauró con su Ley de Moneda de 1918 el general Juan Vicente Gómez, un bolívar de la época, es decir, 0,29 gramos de oro, al precio que actualmente tiene en el mercado este metal precioso, tendría una capacidad de compra hoy equivalente a más de 20 bolívares fuertes o 20 mil bolívares de los viejos.

En definitiva, un bolívar de los tiempos de Gómez tendría en la actualidad un poder adquisitivo equivalente a unos 10 dólares de hoy, es decir , más de 20 bolívares fuertes o más de 20 mil bolívares de los de antes, por su puesto, haciendo el cálculo al tipo de cambio oficial. De esta forma un bolívar gomecista es 20 veces o 20 mil veces superior al que tenemos actualmente, o lo que es lo mismo, un bolívar de hoy, es más de 20 veces o 20 mil veces inferior al que teníamos en los tiempos del Benemérito

EL FUERTE DE PLATA

Por ejemplo, si usted revisa la fecha de la primera acuñación de una moneda de plata, cuya denominación era de 5 bolívares (el famoso “fuerte de plata”) podrá encontrar que corresponde al año de 1879. Yo particularmente poseo una que heredé de mi padre, que data del año 1876 (era lo que se denominaba “un venezolano”).

Esos “fuertes de plata”, cuya denominación era de 5 bolívares, circularon como monedas de curso legal hasta mayo de 1973, cuando fueron retirados de circulación para ser sustituidos por los primeros fuertes de níquel de 5 bolívares. Para ser más claros, aquellas monedas conservaron su poder de compra casi intactos durante casi 100 años. Estamos hablando prácticamente de un siglo completo de estabilidad y fortaleza monetaria.

Esa estabilidad y solidez monetaria de la que gozó Venezuela, íntimamente relacionada con el patrón oro, se acabó en el momento en que los gobiernos de turno empezaron a manipular el precio al tipo de cambio (se acabó la disciplina monetaria), lo cual coincidió con el sobre ingreso fiscal petrolero que empezó a recibir el país a raíz de la crisis energética del año 73 (los precios del barril de crudo pasaron de 2 dólares a 14 dólares). Pero el cambio crucial se produjo cuando el Estado se apoderó de la mayoría de las divisas que ingresaban a la nación por medio de Petróleos de Venezuela.

Antes de la mal llamada nacionalización, los gobiernos de turno recibían su ingreso petrolero en bolívares. Las empresas transnacionales, cambiaban sus dólares por moneda nacional, al cambio de la época,( 3,30 hasta 1960 y 4,30 hasta el momento de la estatización del petróleo en 1975) para cancelar sus obligaciones por concepto de impuestos y regalías por la explotación de los hidrocarburos.

Pero cuando los gobiernos de turno se apoderaron de los dólares petroleros, a través de PDVSA, se produjo una distorsión muy grave, ya que el ejecutivo nacional ajustaba el precio del dinero emitido por un país extranjero, es decir, la tasa de cambio, y al mismo tiempo controlaba la mayoría de las divisas que ingresaban al país. En otras palabras, se despachaba y se daba el vuelto. Lo que realmente ocurrió es que los gobiernos de turno, a través de PDVSA, se apoderaron del sector externo de nuestra economía. A partir de ese momento los gobiernos, para financiar sus crecientes gastos de funcionamiento, abandonaron la disciplina fiscal y monetaria que se había mantenido por décadas y apelaron al expediente de la devaluación para obtener mayor número de bolívares por la misma cantidad de dólares, arrojando al circuito monetario del país un volumen de dinero superior a la cantidad de bienes y servicios que producía Venezuela.

La consecuencia inmediata fue el crecimiento de medios de pago a un ritmo muy superior al de las cosas que se pueden que comprar con ellos. La consecuencia inevitable: inflación y depreciación de nuestra moneda.

MONEDA Y POBREZA

Buena parte del masivo empobrecimiento que hemos vivido los venezolanos en los últimos años tiene un origen monetario. A partir de la estatización del petróleo en 1976, los gobiernos de turno se apoderan de la principal fuente de ingreso de la nación, lo que les dio un avasallante poder económico sobre toda la sociedad.

La irresponsabilidad del aumento del gasto presupuestario, financiado con endeudamiento público masivo y con extracción de renta petrolera, llegó un momento que estranguló las finanzas del Estado y éste no tuvo otro remedio que empezar a devaluar para financiar su déficit fiscal.

Al devaluar, los gobiernos obtienen más medios de pago para sufragar sus gastos, pero a costa de la destrucción del ahorro interno de los venezolanos, del poder adquisitivo de los salarios y de la estabilidad de la moneda. Por eso no es casual que a partir de la estatización petrolera del año 76, se haya producido una caída estrepitosa de índices como el ingreso per cápita, del consumo privado per cápita y de la inversión privada no petrolera.

En conclusión, al tener los gobiernos de turno en sus manos la mayoría de las divisas que ingresan al país y al mismo tiempo el poder de controlar el precio de la tasa de cambio, los incentivos devaluacionistas son demasiado poderosos. Se aumenta el gasto del Estado (casi siempre improductivo) y para financiarlo se recurre al endeudamiento y a la extracción de renta del recurso petrolero, a través de una política que se apoya en los precios del barril, más que en las inversiones y el crecimiento de la producción y del negocio petrolero . Pero cuando se agota la capacidad de endeudamiento público y la extracción de renta petrolera no alcanza por los movimientos cíclicos de los precios del crudo, o porque simplemente los costos del funcionamiento del gobierno y el gasto del Estado se salen de control, entonces siempre se puede recurrir a la devaluación para cubrir los huecos fiscales, obteniendo más bolívares devaluados por la misma cantidad de dólares. Esto explica que el bolívar se haya depreciado en un 50.000% en las últimas dos décadas.

Contando ahora con ingresos en dólares y manteniendo sus gastos en bolívares, el incentivo para devaluar ha sido demasiado poderoso para nuestros gobiernos de ayer y de hoy. Todo esquema fiscal, para el gobierno venezolano o para cualquier otro, tiene un componente de ingresos y otro componente de gastos. Pero en el caso de nuestro país, el Estado funciona en la economía doméstica haciendo uso de dos tipos de monedas, el dólar y el bolívar. Sólo que el dólar lo utiliza para los efectos de su ingreso y el bolívar para los efectos de su gasto. Como lo que importa son los ingresos, ya que de ellos depende la capacidad de gasto, a nuestros gobernantes nada más les importa el bolívar en lo que respecta a la variable del gasto, es decir, de sus obligaciones económicas. Qué mejor cosa que tener que honrar compromisos monetarios con una moneda débil y que se deprecia constantemente, mientras que al mismo tiempo recibimos ingresos en una moneda dura que preserva su valor. Sin duda una ecuación perfecta para quien la disfruta, pero letal para quien la padece.

Como vemos, desde hace casi 30 años hasta el Sol de hoy, se ha utilizado la devaluación de la moneda para financiar el déficit fiscal, ya que se eliminó el patrón oro como ancla de nuestro sigo monetario y los gobiernos de turno decidieron emitir dinero a su antojo tasando discrecionalmente el precio del tipo de cambio.

Qué tiempos aquellos cuando los ingresos petroleros del gobierno se obtenían en bolívares-oro (la moneda creada por el general Gómez), los dólares estaban en manos de los privados y el Estado no estaba interesado en devaluar ya que tal cosa le quitaba capacidad de compra al sector público.