LA ECONOMIA DESTRUCTIVA
Fecha: 2009-09-28 01:42:35

LA ECONOMÍA DESTRUCTIVA
“El socialismo no es en realidad lo que pretende ser. No es el iniciador que abre el camino a un porvenir más bueno: es el destructor de todo lo que penosamente han creado siglos de civilización. Nada construye, todo lo demuele. Si llegase a triunfar debería dársele el nombre de destruccionismo, porque es, en esencia, la destrucción. Nada produce, se limita a dilapidar lo creado por la sociedad que se funda en la propiedad privada de los medios de producción.
Aceptado que no puede haber organización socialista de la sociedad, -abstracción hecha de la posibilidad de realizar el socialismo parcialmente dentro de una sociedad que se funda en la propiedad privada, -cualquier paso en el camino del socialismo conduce a la destrucción del orden existente”.
SACRIFICAR EL PORVENIR AL PRESENTE
La anterior cita textual corresponde al libro “Socialismo” escrito en 1922 por Ludwig Von Mises, uno de los más preclaros pensadores económicos del siglo XX. Según este autor, el socialismo es la destrucción sistemática y sostenida de la economía privada. Mises en su libro continúa diciendo: “La política destruccionista es las disipación del capital. La dilapidación del capital puede comprobarse, ciertamente, por medio del cálculo económico y entenderse con la ayuda de la inteligencia, pero no se revelas en forma palpable a todos. Para descubrir el vicio que significa una política que aumenta el consumo de las masas con detrimento del capital existente y que, por tanto, sacrifica el porvenir a favor de presente, se requiere una inteligencia más penetrante que la que es común en los hombres de Estado, en los políticos y en las masas que los han elevado al poder.”
Es realmente sorprendente que alguien en 1922, cuando aun ni siquiera había muerto el fundador del Estado Soviético Vladimir Lenin, pudiera haber descrito tan acertada y correctamente la naturaleza del socialismo como doctrina política. Tales aportes al entendimiento del fenómeno económico tuvieron sin duda influencia en algunos venezolanos de la época, entre ellos Arturo Uslar Pietri, quien el 14 de julio de 1936, en su escrito “Sembrar el petróleo” dijera lo siguiente: “Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico de Venezuela se hace angustiosa la noción de de la gran parte de economía destructiva que hay en la, producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras, la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente.”
ABUNDANCIA SIN CRECIMIENTO
Es evidente que en la naturaleza de la economía petrolera venezolana, sustentada en lo que se ha dado en llamar el Petro-Estado, se fundamenta la posibilidad de la construcción de un sistema de corte socialista en nuestro país. Ya lo anotaba el profesor Asdrúbal Baptista cuando acuñó el término “abundancia sin crecimiento”. Se refería a la circunstancia según la cual en economías, petroleras como la nuestra, la oferta de recursos de capital no generan su propia demanda. Dicho de otro modo, la inversión de los dineros provenientes de la renta de los hidrocarburos no produce un impacto real positivo en la economía ya que no se traduce en mayor generación de riqueza a mediano y largo plazo.
EL EJEMPLO SOVIÉTICO
Los Petro-Estados indican que la Unión Soviética sustentó su desarrollo económico en dos factores; la primera en la posibilidad de disponer de mano de abundante mano de obra semi-esclava y de su condición de nación productora y exportadora de petróleo. Efectivamente, a partir de 1945 la producción petrolera en esa nación se incrementó 30 veces y contribuyó a mantener la revolución. Sin embargo a partir de mediados de los años 80 del siglo pasado, la producción petrolera comenzó su declinación y en 1991 la URSS se desintegró.
Luego de aquel espectacular crecimiento inicial, los líderes soviéticos se preguntaban qué había ocurrido que se produjo aquel colapso. Muy simple, fue el resultado de las políticas económicas socialistas que le permitieron al Estado, apuntalado en su condición de dueño del recurso y la industria petrolera, liquidar al sector privado y asumir el total control de las empresas y la agricultura.
EL AGOTAMIENTO
En Venezuela, luego de varios años de gestión económica de inspiración socialista, que durante un tiempo generaron una sensación de prosperidad, estamos empezando a ver la presencia del conjunto de factores que van dibujando el cuadro económico de agotamiento de un modelo socialistoide sustentado en el estatismo petrolero. Luego de los primeros 5 años de gestión revolucionaria caracterizada por la dura confrontación política por el poder ( hechos del 11, 12 y 13 de abril, paro cívico, paro petrolero, guarimbas , pronunciamientos militares de la Plaza Altamira y referéndum revocatorio), el proceso entra en una nueva etapa. Los precios del petróleo empiezan un ascenso vertiginoso a partir del año 2004. Con el control político y económico total, el gobierno de Hugo Chávez emprende, aunque sin proclamarlo aun, su camino al socialismo.
Sin embargo, como dijimos antes, empiezan a mostrarse los síntomas del agotamiento. Según cifras del Banco Central de Venezuela, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el año 2004 fue de un espectacular 18%, sin embargo este crecimiento durante el pasado año 2008 fue de apenas 4,9% .En este lapso de 5 años el país experimentó la mayor bonanza petrolera de su historia llegando a estar el precio el crudo en julio pasado en un nivel superior, en términos reales, al que tuvo en 1981, año que había marcado record como el que registró el índice más elevado en la cotización del barril venezolano.
Si nos remitimos a los hechos podemos constatar que durante el auge de ingresos provenientes de la renta petrolera el país conoció una tendencia de crecimiento cada vez menor. La paradoja es que mientras más subían los precios del petróleo, menor era el crecimiento del PIB. El impulso inicial otorgado a nuestra economía como consecuencia del sobre ingreso fiscal derivado de los hidrocarburos y través del gasto público durante los años 2004, 2005 y 2006 (con crecimientos del PIB de 17,9%, 9,4% y 10,4% respectivamente), empieza a perder fuerza precisamente en los años durante los cuales se tuvieron los mayores precios del petróleo, llegando el barril venezolano a cotizarse en un promedio de 65 dólares en 2007 y casi 90 dólares en 2008.
CAÍDA DE LA INVERSIÓN PRIVADA
Cuando revisamos la tasa de crecimiento (cifras del BCV) de la inversión del sector privado en Venezuela, tenemos en el año 2004 ésta llegó a 47%, mientras que en 2008 se ubicó en –2,1%. Igualmente, cuando observamos la Inversión Extranjera Directa (IED), ésta pasó de casi 5 mil millones de dólares en 1998 a 660 millones en 2007 y 175 millones en 2008. En relación a la inversión de origen norteamericano, ésta se secó prácticamente a unos 20 millones de dólares en 2008, cuando el promedio de los 10 últimos años fue de entre 700 y 800 millones de dólares. Por áreas de la economía vemos que la tendencia ha sido alarmantemente decreciente.
En el segmento de manufacturas el incremento de esta actividad fue de 21,5% durante 2004 y de apenas 1,6% en el 2008. En la construcción, el sector avanzó 25% en 2004 y apenas 7% en 2008. En el área del comercio y los servicios, la actividad creció 28% en 2004 y sólo creció 3,8% en 2008. En el sector de instituciones financieras y seguros el crecimiento fue de 40% en 2004 y sólo de 2% en 2008.
Otro dato preocupante y que confirma todo lo anteriormente dicho es que según estadísticas de la Confederación Nacional de Industriales de Venezuela (CONINDUSTRIA) las industrias del país no han podido recuperar los 250.000 empleos que se han perdido en los últimos 8 años, ya que mantienen en sus nóminas unos 300.000 trabajadores de los 550.000 que tenían en el año 2000.
En efecto los índices de inversión de capital en el sector privado y también en el público están en sus niveles más bajos de su historia. Al cierre del 2004, la inversión total en el país, de empresas y Estado, representaba apenas el 13% del PIB y hoy esta cifra es inferior.
Los países para tener crecimiento económico sostenido y que represente un incremento real en el índice del PIB por habitante, requieren unos niveles de inversiones de capital equivalentes a más de un 25% del tamaño de su economía todos los años. De esta forma se puede obtener un crecimiento en la generación de bienes y servicios a una tasa superior ala del aumento de la población. Así puede crecer el tamaño de la torta que se va a repartir un ritmo mayor que la del número de sus comensales.
BAJA CALIDAD DEL CRECIMIENTO
La economía venezolana ciertamente ha venido creciendo en los últimos años, pero cada vez a un ritmo mucho menor. Este crecimiento económico ha sido de muy baja calidad ya que se ha apuntalada en el sobre ingreso fiscal petrolero, en el gato público improductivo, dirigido fundamentalmente hacia el consumo .El gato del sector gubernamental ha aumentado enormemente en comparación. En el 2004 el gato público era el equivalente a unos 35 mil millones de dólares y en 2008 cerró en más de 90 mil millones de dólares .Este aumento considerable del gasto, que apunta al incremento de la liquidez monetaria, presiona los precios de los bienes y servicios, ya que en el país no se está produciendo más. Esta presión hacia los precios hace que la inflación interna sea mucho mayor que la inflación que experimentan las naciones que son socios comerciales de Venezuela, lo que hace menos competitivos los productos manufacturados en nuestro país frente a los que viene del exterior.
Con una política de control de precios sobre una amplia cantidad de artículos de consumo masivo, los márgenes de ganancia se ven disminuidos, lo que naturalmente inhibe las inversiones de capital e impide poner a crecer plantas y producción.
Tal fenómeno hace que cada vez se generen menos empleos productivos. De allí que el crecimiento económico haya sido cada año inferior. Para colmo de males el gobierno, durante el período de la inmensa bonanza fiscal, como consecuencia del incremento de la recaudación del Seniat y de los altos precios del petróleo que hubo desde 2004 a 2008, decidió convertirse en un importador directo de una inmensa cantidad de productos, y a través de su propia red de distribución y comercialización (MERCAL y PDVAL), vende estos artículos a precios subsidiados, lo que provoca un duro golpe a la industria nacional.
En otras palabras, el gobierno con su inmenso gasto público presiona el aumento del índice de precios a todo nivel, lo que incrementa la estructura de costos de los industriales y luego los somete a tener que competir, bajo un esquema de precios controlados y sobrevaluación del bolívar, con productos foráneos, ya de por si más baratos, y que reciben en muchos casos subsidios gubernamentales para paliar la inflación que provoca el propio Estado con su indisciplina en política fiscal y monetaria. Obviamente de esta situación tan paradójica y hasta cierto punto irracional no puede salir nada bueno.
COROLARIO
Hoy, con la caída en flecha de los precios del petróleo, tenemos un sector productivo interno sumamente destruido como para poder responder y convertirse en una alternativa frente la erosión del gasto público como instrumento que apuntale la economía. Nuevamente la paradoja de la abundancia o la abundancia sin crecimiento de la que tanto ha hablado Asdrúbal Baptista, vuelve a pasar su terrible factura. Si mientras duró la bonanza petrolera nuestro crecimiento económico fue perdiendo sistemáticamente impulso, seguramente veremos una situación muy comprometida en el período de las llamadas vacas flacas.
Las medidas económicas y sociales que en su conjunto el gobierno ha anunciado que suman más de 50, persiguen tratar de reactivar una economía abatida con un decrecimiento de 2,2% en el segundo trimestre de este año y con caídas terribles en áreas tan sensibles como manufactura (- 8,8%) y comercio (- 6,4%).
La receta será inyección de dinero a través de una política fiscal expansiva, es decir, más gasto publico, lo que seguramente llevará rápidamente más ingresos a los bolsillos de los ciudadanos, pero que también muy rápidamente serán erosionados por una carestía de precios que se verá alimentada por ese mayor caudal de liquidez monetaria que se introducirá al torrente circulatorio de una economía, como la nuestra, que está seriamente reducida en su capacidad de generación de riqueza, más acostumbrada a consumir que a producir. Conclusión: más inflación, destrucción de la capacidad de compra de la moneda, erosión de los ingresos, es decir, empobrecimiento.

