NO SE PUEDE CONTROLAR LA INFLACIÒN CON MEDIDAS SOCIALISTAS

Fecha: 2009-08-18 00:35:58

NO SE PUEDE CONTROLAR LA INFLACIÓN CON MEDIDAS SOCIALISTAS

Simple y llanamente porque la “economía socialista” no existe; es una ficción que va a contrapelo de la realidad económica—y precisamente todos los estados que lograron establecer sistemas de gobierno, legislaturas y judicaturas socialistas, colapsaron y sumieron a sus naciones en la miseria, al destruir sus economías intentando adecuarlas a su ideología política con medidas socialistas.

La inflación es simple y llanamente un constante aumento de los precios, y el aumento de los precios es el resultado de (1) La escasez presente en la dinámica de la oferta y la demanda, y (2) La presencia en la dinámica de la oferta y la demanda, de cantidades de dinero muy superiores a las que realmente necesita el nivel de producción de bienes y servicios presentes en la economía—y porque generalmente esta excesiva cantidad de dinero en circulación es producida por un exagerado gasto público que desaparece muy rápidamente en las fauces de la corrupción y de la inextinguible naturaleza del ser humano económico: éste es movido sólo por el egoísmo y el afán de lucro.

Las medidas socialistas; es decir, reducir constantemente al sector privado de la economía hasta hacerlo desaparecer para que el “Estado” sea el único dueño de todos los medios de producción, elimina las principales herramientas para combatir la inflación: el estímulo a la inversión privada, el aumento de la producción y de la productividad y la competencia entre actores económicos por captar una porción del mercado de cada industria (conjunto de empresas del mismo ramo de actividad económica).

En conclusión: si algo es intrínsecamente característico de todo estado socialista es una perenne e indetenible inflación; ésta sólo puede minimizarse y controlarse en el ambiente de la única economía real que existe: la economía de libre mercado, llamada aún despectivamente por los socialistas—y el Vaticano—“capitalismo” y “capitalismo salvaje”, respectivamente, aunque esa realidad que existió durante los comienzos de la Revolución Industrial (el paso de la producción de bienes sólo manualmente, hacia la producción masiva de bienes empleando cada vez más sofisticadas máquinas fabricantes de esos bienes)—pero ese “capitalismo” o “capitalismo salvaje” ya no existe en ningún lugar del mundo, al haber sido reemplazado por el libre mercado, que lejos de significa libertinaje de mercado, existe en un ambiente de abundantes, extensas e intensas medidas de control—tanto gubernamentales como privadas—que evolucionan constantemente para evitar los excesos (que también siempre evolucionan) del egoísmo y el afán de lucro del ser humano económico.

En Venezuela tenemos un serio problema: nuestras reservas de petróleo y gas natural a las actuales tasas de producción y exportación le garantizan a los administradores socialistas abundantes cantidades de dinero para; por lo menos, los próximos cien años—y ni por un segundo piensen que van a reflexionar (como hicieron los chinos después de la muerte de Mao Zedong en 1976), y van a lanzar al cesto de la basura las abundantes supercherías económicas recopiladas en los tres mamotretos escritos y publicados por Karl Marx y Friedrich Engels, bajo el título de El Capital, en 1867, 1885 y 1894, respectivamente.

Lo que en cristiano quiere decir, que la inflación, en vez de detenerse, continuará creciendo sin parar, hasta que esta enésima repetición de la utopía socialista, sea reemplazada por una democracia y una economía de libre mercado.

Los actuales clientes de los socialistas venezolanos (especialmente los cubanos, los rusos, los chinos, los brasileros y los argentinos), saben muy bien esto, pero no le van a decir a los utópicos socialistas venezolanos que abandonen a Marx, porque saben que mientras éstos sigan aferrados a Marx, se harán cada vez más dependientes económicamente de ellos—quienes también saben, que el abundante dinero venezolano va a existir; por lo menos, durante los próximos cien años.