CAMINO EQUIVOCADO
Fecha: 2009-05-24 02:43:03

CAMINO EQUIVOCADO
Ahora no es la repartición feliz de ganancias, sino la dolorosa distribución de pérdidas
La contracción económica nacional ya comenzó. Los indicios sobre la tendencia los acaba de confirmar el Banco Central con sus estadísticas de producción, demanda y balanza de pagos, todas levantando señales de alerta, que ratifican las advertencias que se vienen haciendo desde hace meses. El gobierno no se dio por aludido hasta bastante tarde, y todavía sigue despachando el tema como si fuera apenas un inconveniente menor frente a sus proyectos de convertir a Venezuela en potencia mundial.
La economía, lamentablemente, cabalga ahora sobre dos crisis. La primera por los excesos monetarios y fiscales que alimentaron la inflación creciente de los últimos años. La segunda, superpuesta a la anterior, por el descenso petrolero y el boquete que abrió en las cuentas públicas y en la balanza de pagos. Esta situación parece demasiado grave para un gobierno que no avanzó un ápice en materia de desarrollo durante la bonanza petrolera. Porque ahora el asunto no es la repartición feliz y divertida de ganancias, sino la dolorosa distribución de pérdidas.
En circunstancias como esta, cualquier gobierno responsable se dedicaría a amortiguar los impactos de la crisis sobre la población en general y preservar la capacidad de recuperación económica futura. Por ambos conceptos, las autoridades venezolanas están reaccionando en dirección equivocada.
Elevar impuestos y secar el mercado crediticio para las actividades productivas y comerciales, como se hace a través del aumento de la tasa IVA y el endeudamiento interno masivo, acentúa las tendencias contractivas registradas por el Banco Central. Añádase a ello la restricción de importaciones de todo tipo, que afectan directamente al comercio, a la industria y al transporte, y el reforzado acoso a la empresa privada en el marco de un proceso de franca socialización de la economía.
Si se insiste por este camino, Venezuela va a atravesar un período de reducción progresiva de su capacidad productiva y de creciente inflación con escasez, tal como ha quedado registrado en países que han sido forzados a transitar por rutas análogas. Lo que estamos viendo puede terminar siendo apenas la punta del iceberg, si de la misma manera se destruye el tejido esencial del aparato productivo, que une al valor agregado con el valor de cambio.
Venezuela ha pasado por crisis anteriormente, desencadenadas por malas políticas y potenciadas por coyunturas petroleras adversas. Pero se ha recuperado porque a pesar de los errores, quedó preservado el núcleo de su sistema económico, desde la industria petrolera hasta la inmensa gama de actividades privadas. Hoy en día está ocurriendo algo diferente y más nefasto.
No porque el precio del petróleo se vaya a quedar para siempre en el nivel dónde está, sino porque en la modalidad draconiana de ajuste que está practicando el gobierno, se está hiriendo al corazón de la actividad económica, que es la armoniosa y dinámica combinación de factores productivos, públicos y privados, petroleros y no petroleros, con las relaciones de intercambio voluntario, en la cual reside la fortaleza de la nación para superar etapas difíciles. Perdiendo su capacidad de recuperación, el empobrecimiento y la escasez que avanzan este año, se convertirían en hechos permanentes.

